Tus ojos sobre mis labios; mis labios sobre tus manos; mis manos sobre tu espalda; tu espalda arqueada sobre la cama, mojada, empapada, transpirada.
Mis labios sobre tu pecho; tu pecho rodeando mi cara; tu cara sobre la almohada; la almohada arrugada, apretada, maltratada.
Mis piernas sobre tus piernas, y las tuyas sobre las mías, unidas a caderas que bailan en euforia y fantasía. Lujuria en tus palabras, lujuria en mis gemidos y quejidos, lujuria sobre las paredes de esta habitación.
Gritos socorridos por besos; besos que corren en su ayuda; ayuda que nadie necesita; necesidad de amanecer con un orgasmo de agotamiento; agotamiento que lleva a risa, y ésta a la carcajada, y ésta a un golpe seco en la pared cargado de envidia.
Abrazos escondidos bajo sabanas; sabanas que huelen a sexo; sexo que huele a rayos; rayos que relucen y retumban, y hacen que no quiera marcharme nunca.
Busca la manera de encontrarme; encontrarme para quedarme; quedarme para que mis manos sigan en tu espalda, tu espalda no se seque; para que la almohada siga arrugada, las sábanas sigan siendo nuestro escondite y el olor a sexo se asiente y le recuerde a la envidia que seguimos ahí.
Pero no interrumpamos esto; esto que tenemos y no tiene nombre; nombre que no le hace falta; falta de confianza; confianza para hablar de si tenemos algo o nada; nada que decir sobre tú y yo; yo quiero decir algo, pero no se si tengo ganas, o fuerzas, o habla.
Recostada sobre tu hombro cálido; cálido por la excitación; excitación que ha desaparecido para dar paso al cariño; cariño que no se si es ficticio o real; realidad que no interesa conocer, pues se es más feliz en la ignorancia que en el saber.
No hables, calla; calla para poder escuchar el silencio; silencio que me hace pensar; pensar si debo quedarme o irme a otra habitación; habitación sin ventanas, solo un porro y dos botellas de agua; agua para quitarme el sabor a saliva de mi boca; boca que está quemada por el vodka, y el vicio, y el pasado, y alguna otra cosa más que se me ha olvidado
